Sandra Bullock y Nicole Kidman retoman su papel como las hermanas Owen en esta secuela de la película de 1998





Que estemos todos ya muertos y solo seamos almas penando por el cuarto círculo del infierno es la única explicación a tamaña condena que es Prácticamente magia 2, la secuela del drama brujeril noventero protagonizado por Nicole Kidman y Sandra Bullock. Se habla de un fenómeno de culto que parece más bien fabricado con retrospectiva para sumarse al espectro nostálgico que se cierne sobre la cultura pop contemporánea y que nada tiene que ver con verdaderos éxitos de nicho del cine de amigas-y-palomitas como Jóvenes y brujas (1996) —que ya engendró su secuela en 2020— o Fuera de onda (1995), de la que ya se ha puesto en marcha la consiguiente versión centennial en formato serie. Veintiocho años después del film original, Bullock y Kidman vuelven a disfrazarse de las hermanas Sally y Gillian Owens en una aventura infantiloide y de una repipiez recalcitrante.Si esta película apela al público de mujeres adultas que se identificaron con el espíritu mágico y de sororidad de la primera entrega, un film infinitamente más emocionante e inspirador que su derivada, el resultado es un menosprecio. Y también lo es si se dirige a un público infantil, a los hijos de quienes crecieron con El retorno de las brujas (Hocus Pocus, 1993) como comedia fantástica de cabecera. Porque lo que hay en las más de dos horas de duración de Prácticamente magia 2 es el abismo. Es la confusión del cine de chicas con una tontería.

Y es aún más terrorífico este círculo del infierno cuando una descubre que los guionistas son Akiva Goldsman (Una mente maravillosa, Cinderella Man) y Georgia Pritchett (Veep, Succession), y que como directora cuenta con la danesa Susanne Bier, ganadora del Oscar a Mejor película extranjera en 2011 por En un mundo mejor y quien ya había trabajado con Bullock en la muy entretenida Bird Box: A ciegas (2018).

Tampoco parece que Prácticamente magia 2 se dirija a las nuevas generaciones. Aunque la historia cuente con dos personajes jóvenes, interpretados por Joey King (Bullet Train) y Maisie Williams (Juego de tronos), los roles protagonistas siguen cayendo en Bullock y Kidman, como la madre y la tía de las chicas, respectivamente. Tan accesorio es el papel de Williams que los guionistas simplemente la aparcan en un hospital para que cuide de un paciente moribundo: ninguno de los guionistas ha sabido qué hacer con ella.

placeholderMaisie Williams y Joey King, las dos nuevas incorporaciones juveniles. (Warner)
Maisie Williams y Joey King, las dos nuevas incorporaciones juveniles.

Prácticamente magia 2 es una película nostálgica, sí, y también muy anticuada. Tan anticuada que las protagonistas, las hermanas Owens, dos mujeres descendientes de un linaje de brujas malditas en el amor, deciden volver a la metrópoli, a una Inglaterra contemporánea que parece anclada en la época jacobina, con posaderos, corralas, manors y custard pies. Pero aceptemos ese universo que asimila el Boston victoriano con la Inglaterra feudal. El problema es su manera naíf y pueril de hablar a un público eminentemente femenino, un film edulcorado e inerme más infantiloide que cualquiera de los relatos de los hermanos Grimm. Si en los cuentos de los Grimm las brujas se comían a los niños y las niñas comen manzanas envenenadas, aquí la muerte significa convertirse en polvo de estrellas. Hacer que a base de magia haya gente que se tire el café encima es uno de los grandes gags de la película.

Y apenas hay conflicto entre los personajes. Todo el mundo se dice continuamente te quiero, todo el mundo se abraza, se toca y se sonríe como si hubiese grapas atravesando sus sonrosadas mejillas. Falta una pelea con cojines de plumas a cámara lenta, eso sí. "No hay magia más poderosa que la de la hermandad", se repiten unas a otras como un mantra sacado del peor libro de autoayuda. Matilda, de Roald Dahl, tenía más ingenio en uno solo de sus mágicos que esta familia sacada de una de las películas navideñas de Hallmark. Hasta los planos son estereotipados: la película arranca con un plano aéreo de acercamiento sobre la ciudad, hasta llegar a la casa de las protagonistas, construida en plató, mientras suena una música tintineante constante. Y no lo hace como recurso irónico.

placeholderNicole Kidman es la tía soltera y promiscua. (Warner)
Nicole Kidman es la tía soltera y promiscua.

La historia retoma a las hermanas Owens en la adultez. Sally (Bullock) es madre de Antonia (Williams) y Kylie (King), a quienes ha ocultado su linaje descendiente de una famosa bruja quemada en la hoguera. Tras quedar viuda del padre de las chicas, por culpa de una maldición familiar que condena a muerte a todos los hombres amados por las mujeres Owens, Sally reniega del mundo mágico. Y del amor. Sally es hipercontroladora, metódica y pragmática. Su hermana Gillian (Kidman), por el contrario, es hedonista y despreocupada, despacha tantos cubatas como novios de una noche, y utiliza la magia en sus usos más cotidianos, como para encender la minipímer a distancia. También reaparecen Dianne Wiest (Eduardo Manostijeras) y Stockard Channing (Grease) como las tías solteras y excéntricas de Sally y Gillian.

Cuando una de las hijas de Sally descubre de la peor manera que la magia y la maldición corren por las venas de la familia, decide emprender un viaje a Inglaterra para acabar con la condena. Su madre y su tía la siguen, lo que da lugar a situaciones cómico-embarazosas, situaciones cómico-románticas y a batallas de rayos digitales contra brujos de magia negra que recuerdan demasiado al universo Harry Potter o al desenlace de un capítulo de Buffy Cazavampiros. Tan poco interesante es el discurso final del villano, donde en las convenciones hollywoodienses explican la raíz de su maldad, que el montador ha decidido dejarlo de fondo, apenas audible, pero tampoco como recurso irónico.

placeholderLa secuencia final de 'Prácticamente magia 2'. (Warner)
La secuencia final de 'Prácticamente magia 2'. 

Prácticamente magia 2 es absolutamente blanca, en todos los sentidos. Aunque las protagonistas lleven paraguas, no se mete en ningún charco. No hay conflictos más allá del principal: magia sí o magia no. Hay una reivindicación del amor romántico, del de verdad. El punto picante lo pone la tía Kidman con algunos chascarrillos sobre el sexo y la bebida. Hay mucho difusor en las imágenes, para que queden bien bucólicas. Y, cómo no, una reimaginación de la secuencia de las margaritas de la primera entrega con el tema, ese sí, inmortal Coconut, de Harry Nilsson, que al menos hace que nos olvidemos, por un momento, de quemar a estas brujas en la hoguera.